Fabricar cerveza

Todos hemos pensado alguna vez en elaborar cerveza en casa. Conocemos las marcas industriales del sector y hemos degustado alguna creación artesana, lo que nos incita a producir una con nuestro toque personal. Hoy en día existen kits que nos ayudan a iniciarnos en el desarrollo, aunque se alejan de las grandes producciones que solemos encontrar en bares y restaurantes.

Los pasos que incluyen el proceso de fabricar cerveza son varios, aunque la mayoría comunes a los diferentes tipos. Desde el malteado, donde se humedece la cebada y se tuesta tras la germinación, pasando por la maceración, cocción con lúpulo, enfriamiento y finalizando con la fermentación, paso en el que las levaduras deben convertir los azúcares en alcohol. Adentrarse en la fabricación es apasionante, pero fabricar cerveza no es solo reunir unos ingredientes, requiere de una metodología que definirá la calidad del producto final. El control de las temperaturas, así como la higiene son los parámetros que más nos deben preocupar.

Una cocina limpia es una cerveza definida.

Las conocidas productoras de cerveza tienen muy claro este concepto, pues deben conseguir homogeneidad en una bebida que todos podamos identificar. Cualquier bacteria en el entorno de nuestra fabricación aprovechará la temperatura y los azúcares presentes en la malta para alimentarse. Es ahí donde variará la receta, algo que debemos evitar.

Los productos de limpieza nos ayudarán a fabricar cerveza sin la molestia de todos esos elementos externos que tengamos alrededor, ese detalle de higiene que define tan claramente a las más reconocidas cervezas mundiales. Y lo más importante del proceso: la calidad de los ingredientes. Necesitaremos, básicamente: agua, malta (de cebada, trigo o maíz, por ejemplo), lúpulo y levadura. Algunos añaden especias o frutas, aunque lo más común es ese sabor a malta del que todos disfrutamos.

Todo este proceso, que resulta tan interesante como sistemático, es lo que nos permite fabricar una cerveza con personalidad.